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Alfonso Reyes y su gusto por la cocina



Ensayista, traductor, poeta, editor, cuentista, y también un “Goloso literario”, que destacó con su obra gastronómica “Memorias de Cocina y Bodega”, donde plasma toda una obra literaria de cocina mexicana, donde conjuga al intelecto y al estómago.

El 17 de mayo figura en el santoral como el día de “San Pascual Bailón”, santo de los cocineros nacido en la Pascua de 1540 en Torreblanca en Zaragoza, España. El mismo día, pero del año 1889, el escritor nace en la ciudad de Monterrey, México.

Desde que veía a su nana Emilia en los fogones invocar a San Pascual, Reyes sintió admiración por el Santo de los cocineros, por lo que en su obra literaria le dedica algunos poemas y décimas en acrósticos.

“Era muy querido San Pascual Bailón en la casa de mi abuelita, ya que también era la fecha de cumpleaños de mi abuelo Alfonso Reyes”, comenta Alicia Reyes.

Desde su niñez, Alfonso gozó de los platillos de su nana Emilia, llamada cariñosamente “Lili”. Para Alfonso Reyes uno de los platillos favoritos en el desayuno eran los chiles rellenos de queso o huevos rancheros.

Como todo buen regiomontano le tenía gran amor a las tortillas de harina, la machaca con huevo y el mole de guajolote, todo esto acompañado siempre de una buena copa de vino tinto de Santo Tomas.

“En una ocasión el presidente Miguel Alemán, le obsequió a mi abuelo un costal de granos del mejor café. En esos días la casa se inundaba todas las mañanas del delicioso aroma de café tostado”, narra Alicia.

Uno de los más conocidos escritos de Reyes es “Memorias de Cocina y Bodega”. En él relata diez descansos de cocina, juego literario en torno a una cena, donde describe una serie de situaciones relacionadas a la comida.


Uno de sus textos chuscos tiene como protagonista a Pierrette, personaje de noventa y nueve años y once meses, que al comer en su cama sintió que le llegaba su hora y la pobre se puso a gritar. “¡Pronto, pronto, tráiganme el postre, que me voy a morir!” En el primer descanso narra la gastronomía española, conocida a través de la paella, fabada, mariscos y pescados, especialidades del restaurante La Viña en ese país.

“Eran malos tiempos, la más dura prueba de mi vida, aunque la recuerdo con deleite. Yo no comía mucho, situación nueva para mí. Pero aquí nació mi afición, pues, como define Julio Camba en "La Casa de Lúculo", con frase perfecta. En la falta de recursos es donde comienza el apetito, base de la gastronomía”, escribe Alfonso Reyes.

Tras deleitarse con las delicias mediterráneas, llegó a París, donde se dedicó a marcar en un mapa las principales casas de comer y beber de cada barrio y las especialidades de cada fonda.

El escritor llevaba una crónica de las comidas eminentes y una colección de tarjetas con la matrícula de los patos que disfrutaba en “La Tour d´Argent”, al igual que los patos a la criolla de “Chez Beaugé”.

Cocina y poesía 

Las cocinas de Argentina, Brasil, Francia, España y otros lugares que visitó, lo convirtieron en un goloso, gastronómico y catador. Los restaurantes “Prendes”, “Embajador” y “San Ángel Inn” de la ciudad de México, eran algunos lugares para salir a comer o cenar con José Gaos, Manuel Sandoval Vallarta y Carlos Fuentes, su más allegado amigo.

Para Alfonso Reyes los postres no podían faltar y sus favoritos eran los huevos reales, las natillas, arroz con leche, crepas, torrejas y las cocadas.


“Doña Manuela Mota de Reyes, mi abuela, tenía algunos secretos sobre cómo comprar los ingredientes y donde ella nos indicaba, nunca en otra parte.

“Me viene a la mente mi abuela cuando elaboraba las cenas de Navidad, porque compraba el pavo en el mercado de San Juan, en la carnicería “La Fortuna”. Sino lo adquiría ahí, no le iba a saber igual”, recuerda la nieta.

Entre sus escritos incluyó poemas a la comida como son: Bodegón, Sopa, La Cocinera, Pescado, Aperitivo, El pan en la servilleta, Legumbres y Ensalada, Platillo de almendras, Jerez, Carne, Queso, Vino Tinto, entre otros.

 “Mi abuelo tenía un dicho, “Una mala comida no se recobra nunca, frase que siempre recuerdo con cariño”, finaliza la nieta del poeta.


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