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Sabores y nostalgia de Ramón López Velarde



¡Alguna vez imaginaste que el poema “Suave Patria”, naciera entre el bullicio y la bohemia de una cantina! Así es, Ramón López Velarde autor de tan celebre poema a la patria nace en Jerez, Zacatecas y durante su juventud vivió sobre avenida Álvaro Obregón 73, en la colonia Roma, ahí muy cerca se encontraba la cantina “La Rambla”, lugar que inspiro al poeta para escribir su más grande obra.

La Rambla, se encontraba en la esquina de Bucareli y avenida Chapultepec, era una cantina de los años veinte del siglo pasado, la cual todavía en la década de1980 era centro de reunión de reporteros de la televisora cercana.

Entre un ambiente de bohemia y al disfrutar una copa de vino italiano “Lambrusco”, uno de los favoritos del poeta y entre el choque de copas, al ritmo de las fichas de dominó y la habilidad de los naipes, Ramón López Velarde escribe algunos fragmentos de “Suave Patria”.


Inmueble abandonado de lo que fuera la cantina "La Rambla"

“Patria: tu superficie es el maíz”, es una de las principales frases del poema, donde manifiesta el amor a su patria y la grandeza de México, así como la gran variedad de productos de la gastronomía nacional. Entre las estrofas destaca al aguamiel, al nopal, la chía, las dulces compotas y el santo olor de la panadería que se percibe en las madrugadas por las calles.

Los gustos de Ramón López Velarde se manifestaron en su obra del poeta jerezano, las imágenes de la cocina familiar en su natal tierra zacatecana, siempre estuvieron presentes en su obra. Desde pequeño gozaba de la sazón jerezana de Zacatecas al lado de sus tías y más tarde de la bohemia en los cafés y cantinas, de la Ciudad de México.


Cocina de la casa de Ramón López Velarde en Jerez, Zacatecas

Gorditas rellenas de carne de puerco en chile verde y la suculenta sopa de habas son algunas de las delicias propias de Jerez, Zacatecas, cuna del poeta, nacido el 15 de junio de 1888. De vida intensa, pero corta, murió un 19 de junio de 1921.

Guillermo Sheridan en el libro “Un Corazón Adicto”: La Vida de Ramón López Velarde, editado por el Fondo de Cultura Económica, narra que Velarde fue entregado por su padre don Guadalupe López Velarde a sus cuatro tías solteronas Dolores, Elena, Margarita y Josefa López Velarde Morán, mujeres que se la pasaban del corral a la cocina, al piano y al cazo. Con ellas pudo disfrutar de la auténtica cocina jerezana del siglo XIX.

Por su parte, Carmen Cabrera de Del Hoyo rescata algunas de las recetas propias de esa época y de esa comunidad en el libro “La Cocina Jerezana en Tiempos de Ramón López Velarde”.


Comedor de la casa del poeta en Jerez, Zacatecas.

El caldo de habas de vigilia, la sopa francesa, de ravioles a la jerezana y de jocoque eran tradicionales entre las familias como la de López Velarde. En el apartado de los pescados, brillan las preparaciones al empapelado, a la mantequilla y a la jerezana.

También se acostumbraban, dice, guisos con aves, como pollo almendrado, gallina de cazuela, gallina a la nogada, guajolote en caldillo y mole gallego.

En cuanto a las carnes no podía faltar la asadura, así como los estofados, la lengua rellena de vino de jerez y el lomo de puerco en vino de oporto. Otras delicias muy apreciadas eran los riñones de carnero mechados, ensaladas, huevos, salsas y repostería, sin faltar los dulces y las bebidas regionales.

Nostalgia de sabores

Sheridan advierte que el linaje de López Velarde fue de agricultores y mineros oriundos de Jerez, Zacatecas, con dos ranchos: El Rosal y el Marecito. En algunos de sus poemas, López Velarde recuerda como, de niño, en los ranchos cortaba higos y dulces guayabas.
“De niño bebía agua de cebada. Con sus tías disfrutaba de sopas caldosas como la de habas. Cuando se servía esta sopa, Ramón le decía a su tía Pepa que prefería el postre, ese delicioso frasco de conserva de guayabas aromatizadas con canela y lo tomaba en sus brazos. Desafortunadamente el tío rompía el encanto dando la orden que primero era la sopa de habas”, narra Sheridan.

Para Velarde las frutas como la guayaba, el higo y las naranjas, significaban la dulzura y la madurez de la mujer. Decía que, al llegar a la iglesia de Jerez, la gran cantidad de mujeres semejaban a un vasto naranjal cargado de frutas encendidas. Era como brotar a un racimo de uvas, panes frescos, que derramaban hilos de leche.


En otros textos, López Velarde recordaba con cariño las aguas de naranja fresca y de cebada, que por las tardes disfrutaba en compañía de un platón lleno de cubiletes de almendra.

Cursó la carrera de Jurisprudencia en San Luis Potosí, titulándose en 1911. Desde muy joven hizo periodismo. Colaboró en la revista literaria La Providencia, en Aguascalientes, y en México fue redactor de La Nación, Revista de Revistas, El Universal Ilustrado, Vida Moderna y México Moderno, entre otras publicaciones.


López Velarde se estableció en la capital en 1914. Fue profesor de literatura en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Altos Estudios, hoy Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

En esos años, agrega Sheridan, López Velarde escribía el poema “La Sangre Devota”. Por las tardes, solía asistir a las cafeterías de moda como la Dulcería Parisiense, El Globo y El Café Colón. 

2 comentarios:

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